se va
me escondo en el fango hasta creer que lo soy
y el horizonte me encierra en las maderas de mi cama
en los ojos cerrados con el gas
tengo sueño y floto en este sueño blando
donde un cuchillo es un rayo de sol
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me escondo en el fango hasta creer que lo soy
y el horizonte me encierra en las maderas de mi cama
en los ojos cerrados con el gas
tengo sueño y floto en este sueño blando
donde un cuchillo es un rayo de sol
el corazón y la noche tienen un diálogo
pasos entre los ojos como cuencas secas
gotas que caen de una canilla
ventanas que apagan de repente su luz
y gemidos que empiezan a quemar
allá atrás me llaman
un túnel de papeles raspando la pared
una gárgola me confía su perfil de asesina
en medio de la historia de cuatro llantas chirriantes
una pálida sonrisa roja de cristal burbujea
los dientes duelen de esta calle en la cara
y todo vuelve a la cama y a estar lejos cuando me olvidan
el diálogo se seca en esta tabla de madera
finas hebras de cebolla y una gallina que hierve
para qué dormir si todo ha terminado
para qué llamar al cielo con los ojos
si nada está creciendo entre las losas
si cada cuerpo cuelga de sus penas
después de ayer donde se puso el fin
la línea amarilla el dedo índice la sonrisa
para volver a sus paseos a la sombra
del edificio rojo o de la frase exacta
o entre los dedos irritados de tanta mano
viscosa que mostraba el perfecto desdén
del hombre sano por el ángulo del baño
en fin que nada es todo ahora
en este intento de discurrir sin fin
al lado de tu mirada interrumpiendo siempre
el tráfico y la mañana así de gris
para qué dormir entonces si entendemos
ambos que esto es el borde que ha cortado
las venas de este cuerpo hecho de mentira
cruje desde ayer y los silencios son
entre los quejidos una especie de corriente oscura
que pide un cuerpo caliente para hundirlo
lleva tu pedazo de carne fresca y ponla
en el montón que arde
y deja de dormir que todo ha terminado
abre las rejas cierra la boca cuenta hacia atrás
el grifo derrama el agua ya y nadie calla
no sin razón
sin corazón no
sin respirar tampoco
el viento no igual
a su no respirar
anhelar en su tal vez
tembloroso no volver
quizá no siendo
lo que sin ti es
y otra mañana de nuevo
limpiando los lentes de este rostro
que juega contra la gente
si siempre se acerca
tu aliento a mal cuerpo
desde el rincón de eso
que nunca se va
como una sierra llamando
en cada corte su grito
día día día
lo que se desvanece
puesto al revés
se queda
el televisor alterado
sólo emite la ausencia de imagen
distorción de tu nombre
que era lo que fue
que era
lo que fue
ya
aquí
siempre
con
Extraño tu soledad sobre mi cuello
Tiritando de tiempo y sollozando
Como queriendo ver que hago entonces
Estás y no estás y vienes cada noche
Con este ruido a despertarme a solas
Eres algún lugar que llevo encima
En esta foto rota en este traje sucio
En este yeso que rodea el hombro
La culpa del silencio es solo mía
La pena de este olvido es de los dos
con esta piel deshecha en los olvidos
en las estrías de las cosas puesta
encorvada memoria sin respuesta
me lastima con su aire y sus heridos
que gritan a la calle convertidos
en este fango de la noche y esta
magnolia disecada que ya apesta
como sombra de todos los quejidos
me arrastra terca luz que desemboca
en el patio de nuevo en la mañana
bajo la ojera de las nubes mientras
todo se desarregla me provoca
enredarme en la sombra que no encuentras
y un ansia sin sabor de otra mañana
no es novedad que te vayas
el tiempo es el mismo
la verdad es esta quietud
de no esperar un cambio
lo que es nuevo es
el tiempo de otro mirando
qué hacemos aquí discutiendo
sin decir nada
el parque pone palabras
en mi boca que saben
a este polvo rosado
de los ladrillos masticados por la vida
no hablemos más
de eso
dijimos entonces y luego
yo tenía un parque y tú mi palabra
que te sujetaba al vacío
no soy de alguien
te dice
soy el permanente silencio de nunca más
percuten golpean despiertan
el aire está lleno de sus cuerpos
la noche suspira abandonada
y en el fondo de la conciencia
un espacio vacío sonríe
“Vé, vé, vé, dijo el pájaro: el género humano
no puede soportar mucha realidad.” (T.S. Elliot)
Estoy triste, el mar está lejos, el aire es negro.
Todo se vuelve en mi contra, incluso el corazón.
Dejo de andar, me siento en la orilla
De un camino arenoso.
Y busco con la mirada por allí, por allá.
El pie no está en paz, mueve la arena,
Y encuentro lo que escribe: dos extrañas letras.
Incluso eso está en mi contra, no me entiendo.
Para qué levantarse, no tengo hambre ni ganas.
El sitio es perfecto para morir, desolado y gris.
Mi lápida será mi cráneo vacío, así como
Mi cráneo ahora es la piedra que me arrastra.
No tengo entre las manos nada, excepto
Este pedazo de madera con forma de coma.
Lo acaricio y me lamento, no lloro, porque estoy seco.
Y no sucede nada. ¿Acaso pensé por algún instante
Que tendría tres deseos?
Estoy triste, el mar está lejos, aunque escucho su bramido.
Eso solo hace más triste este planeta.
Este rincón donde he puesto a secar mi camisa sudada
Conmigo adentro.
El aire es negro encima. A lo lejos, un punto rojo,
Parece ser un incendio o el sol cayendo al mar.
Todo es como un espacio vaciado por la prisa.
La piedra donde me siento no parece estar satisfecha
De su lugar: es retorcida y rajada.
Los árboles, escasos, son fragmentos de pinos y rayas de álamos.
Alambres de madera, líneas despintadas contra el horizonte.
Insisto, qué hago aquí, nada, pues. Nada con ganas de nada.
Innúmero el ocio como este día que no termina,
Como esta sangre que late, ociosa y acabada,
En este pecho extenuado de esperar alguna señal.
Y esto sigue así hasta que ya no pueda.
Esto sigue así, como esta llave que encontré en el camino.
Sirve para algo, pero no sirve para nada.
Si hubiera una puerta, tal vez.
Pero este es un desierto, y yo solo una voz.
El viento, quizá.
El viento llama a través de las paredes
Quema la dulce noche en ascuas grises
Y nadie responde desde allí
El viento en dos palabras incesantes
Rememora removiendo la superficie
Del estanque a oscuras
El viento trae este polvo a las palabras
Esta áspera muchedumbre de voces que se pierden
Y esta terca herida que no cierra
El viento