De nuevo espero.
La noche, como siempre, está.
No veo, siento el aire sobre los ojos,
el corazón empujando silencios.
No digo, apenas
toco el aire helado, raspa
cada instante encerrado en esta ceguera
¿Puedes decirme algo?, sé
que te encuentro aquí, entre
las sensaciones impacientes,
sé que me ves
y sólo encuentras igual
la noche, plena de soledad
llamando a tus pulmones.
Algo llamado luna
se ha perdido ya en otros días,
sabemos que hubo un río por aquí
entre los ruidos que ahora palpan
con ansiedad toda la piel,
allá
crujiendo como un fuego entre las piedras.
¿No hablarás? siquiera dime
alguna vacilación que confiese
un temor igual al mío.
La habitación que vivo ahora,
esta caverna que enciende los ecos
sordamente,
es para ambos.
Y no me dices ni suenas.
Estamos solos,
Estamos
diciendo duelos,
cuerdas secas arrojadas a los techos
para escapar de la noche aquí,
donde no hay muros,
donde no hay fuegos,
donde no estamos
solos.
¿En qué rincón de la memoria
podrás hallar las palabras para decirme?
Tal vez sólo es este momento
y yo me imagino estar cubierto de esta mancha
y nadie está diciendo algo nunca
sino, tal vez, es casi una mueca
que imagino al tocar esta pared de viento helado.
Te amenazo con la luna
o con su pérdida total
y sólo encuentro que cae un ruido
torpe sobre los ruidos que escapan
de mí.
Y me respondo
con una confesión:
te estoy llamando en medio de la nada
y tú no estás aquí sino tu olvido
y yo estoy quemando estos papeles
para poder llamarte luego
o para dejar que te vayas con la luna.
No responderás
Aún,
aun
si tuvieras sílabas entre los dientes.
Eres como el viento.
Eres como aquí.
Sólo estas monedas rodando
Se pierden para buscar
La humedad donde el óxido las cambie.
Y, la verdad, no tengo
Más cuerpo que esta ausencia.