CREATURA
Ella sabe mentir.
Creo en sus palabras.
Vivo para oírlas.
Sólo existo cuando miente.
Casi sé que no me ama.
Lo siento cuando se calla
y no me habla.
Ella miente porque sabe
que así puedo vivir.
¿No es esto amor?
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Ella sabe mentir.
Creo en sus palabras.
Vivo para oírlas.
Sólo existo cuando miente.
Casi sé que no me ama.
Lo siento cuando se calla
y no me habla.
Ella miente porque sabe
que así puedo vivir.
¿No es esto amor?
Doy vueltas
por esta calle
donde nadie me conoce.
Leo este temor de nuevo
en sus caras.
No entiendo.
O finalmente sé
el poder que llevo
o que me lleva.
Soy un viejo papel
con una noticia espantosa.
El silencio,
que hace caso omiso de mis leyes,
el espejo,
que me encierra en la mirada,
y mis días,
donde nadie ha nacido aún,
son esta fractura continua en un muro
que ella ha dicho que es el rastro
de mi imagen en su sueño.
Y sus palabras me queman
en silencio ante el espejo
cada mañana.
la noche empieza con tu voz en mi nuca
desaparece el instante en un latido
el rumor de los ojos se consume
en este laberinto de fragmentos
por escaleras ávidas persigo
los pliegues de tu voz entre mis manos
me rodean ventanas para olerlas
hasta donde se impregnan de sudor
y de esa voz caliente que se hunde
me olvido en tus límites y escucho
abro los ojos y me encuentro aquí
la calle el escritorio este silencio
de las palabras que conozco ninguna
suena a ti o me eriza igual
o me trae el miedo a los ojos
y la sed a las manos y a los labios
igual
eres
una palabra que no existe o quizá
lo que una palabra no puede llamar
Ahora veo en la poesía que escribo una forma de conectarme con la experiencia vivida, conectarme de una manera no inmediata. No me desahogo en lo que escribo (bueno, a veces sucede que sí, pero últimamente no). Los poemas aparecen en su momento, cuando la mente ha operado lentamente sobre las experiencias y ha encontrado una forma de condensarlas, de mostrar bajo su luz propia una serie de experiencias que estaban conectadas pero que no sabía que lo estaban. Lo cual no significa que practico la escritura automática, aunque la práctica de ella ha sido necesaria para aprender a dejar de lado la intrusiva conciencia crítica y la esfera racional (la del cálculo y del tercio excluso). Suele pasar en lo que escribo que son tres los estímulos para desencadenar a la mente de su oscuridad condensadora: la aparición de frases u oraciones (las que no entiendo de dónde vienen pero que pueden distinguir las que son mera combinatoria de las que están preñadas de sentidos), la música (donde nunca son las palabras las que generan el poema, aunque sean canciones), y algunas situaciones (vividas o miradas) donde me siento extraño, casi al margen, adherido.
Lo que la mímesis hace no es copiar la realidad. Primero, la realidad es el mundo que es vivido, y ese mundo existe en las experiencias. Las experiencias no pueden trasmitirse, pero pueden crearse situaciones donde se provoque en la otra persona una evocación de algo similar: respuestas condicionadas por la condición humana que compartimos (y esto no lo digo yo, sino Middleton Murry). Segundo, para hacer lo anterior hay que elaborar un objeto que provoque ese estado, dicho objeto (lingüístico, visual, sonoro, etc.) puede ampararse en contextos específicos culturales o puede tratar de remitirse, hasta cierto punto, a condiciones generales. Mientras más específico sea, más información se requiere. Bueno, con todo esto quiero decir que no se puede “copiar” la experiencia. Se traduce (y eso lo dijo Steiner, yo no). Y la experiencia se construye (por ejemplo, una forma de ver este asunto en la literatura es el libro de Auerbach, titulado “Mímesis”).
Espero que “mímesis” me perdone de lo que diga sin sentido, que Apolo me sea propicio y que haya dicho algo comprensible. Gracias.
No sé cómo entra en un silencio
todo aquello que he perdido
Todo se repite hasta ocultarse
en algunos gestos de cada día
Y para desentrañarlos sólo podemos
repetir ante el espejo las palabras
donde se siente el peso de su vacío
Es una solución como otras posibles
como escribir una novela o como
cantar todas las noches en la luna
Felizmente se me agrietan los recuerdos
y en las mañanas al despertar
no entiendo qué son esos fragmentos
esparcidos por el piso
No hay salida de este universo
contrahecho de lo mismo que lo rompe
de estas penas repetidas
de este único sonido que he olvidado
Estás en el fondo de mi nave.
Te siento cuando estoy dormido, cuando despierto.
Como una ausencia en mí, como presencia
al tocar las paredes.
Pero tambiés estás
en cada puerto, en cada vez que todos
bajamos a comer, o cuando alguien
está mirando el mar.
O en el timón.
En cada vela, en cada juntura de los maderos.
Indefinible sí de cada instante.
Sé que estás en mi nave y en mi gente,
en el mar que vamos
abriendo y cerrando.
Quizá en lo que no sé ni entiendo,
en lo que no me acuerdo.
Te siento allí vibrando inmóvil, sosteniéndome
la mirada, la vida.
De qué otro modo decirlo, y para qué.
Estás en todo, o eres.
Y yo te siento.
por qué me altera
esta música
que describe un círculo con pasos
tentativos persiguiendo
su propio saber lo que no hace y hace
música
como un marco invisible
donde se acerca y se aleja
cada imagen de algo que desgarra y llama
cada día de su voz en espiral alrededor de mi respiración
cada línea de este tren que deshace estaciones al pasar como un suspiro
y hundirse
la mano hacia arriba para indicar
hasta el último segundo sobre la superficie
que
se estuvo a punto de sentir
el minúsculo clamor del sol sobre cada poro
la sombra desvaída de azul platino
de una luna perdida
y arrojar todo
hacia arriba y recibirlo
en fragmentos como estrías y uno a uno en lluvia fina
como la ropa que debe vestir el hombre
cuando se va por fin de su vida
En los brazos de esta tarde
En la esquina de esta voz
Desaparece el resto de mis ojos
hundidos en el silencio amontonado junto a este vacío
o entre las líneas rotas de esta avenida abandonada
Pinta el humo en mi mano tu sombra
y la colilla se pierde sobre la piel sin sentirlo
estar mirando nada
entregado a ella
me deja así
El puerto de olores macerados
se enrosca en este tambor lento
que sube por mi piel hasta mi pecho
y casi escupo el mal
y casi pierdo
la conciencia
De pie ante la pena
me acostumbro a oírla diciendo tonterías tosiendo
raspandome la garganta seca hasta llamarla
con el nombre de la otra
me golpea con el filo de su cuerpo
y me deja abierto en medio de la calle
llorando por la vena y la mirada perdida
Qué haré sino
volver día a día
a bailar este estertor de nuevo
esta pérdida sin sentido
No me dejes en la cuerda
pero igual la luna no aparece
y queda solo mi sombra apoyada en la pared
hundida con mi cuerpo ahí
El lago es esta tarde donde los colores
son un abrazo de nadie que me hace dormir