October 2006

[S]

déjame en el borde de este silencio
para contemplar cómo se oscurece
cada sílaba hasta que cae
y en la superficie reverbera su sensación
mientras la lluvia afuera
convierte su impaciencia en
un aire sostenido de memorias
y me duermo entre sus rumores
desvanecido en mí

tartamudea y se derrama
en perdones contra la luna
un estanque herido por un guijarro

hebras y hojas de este viento
en que me aíslo para saber
tocan mi piel sin recordarme

donde vengo a verme y a decirme
hasta ser mi silencio

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donde me deja tu olvido

amo el silencio de tu sombra vacía
donde puedo olvidarte
desterrado en las arenas
de esta playa que no tiene mar
bajo este sol de yeso y esta luna de humo

te pido en las paredes
con mi sombra derramada
como una aguja que busca
una línea para hundirse

te reclamo sin número
con esta jarra de vidrio
sucia de los vientos quebrados
enfangados en sus costras
no puedo quedar vivo después de todo

pero aquí estoy
sin rumbo adivinando
por olores y sonidos
dónde tengo que morir
y en qué forma

nadie lo dirá
tengo que construir alguna máquina
alguna ceremonia
amuleto o costumbre
una especie de enrejado que devore
con sus líneas constantes
este país desolado donde me deja
tu olvido

todo este desorden
todo este desorden
ningún lugar con su objeto
ningún objeto en su lugar
déjalo
déjalo así

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el silencio

el silencio nos gobierna
nos extrae los dientes
clausura los puertos
el viento se dispersa entre las penas
y estas manos enroscan el vacío
el silencio nos gobierna y nos expone
a las palabras de arena
al tiempo
que se cuela en cada instante
entre los dientes que nos quedan
y los músculos doblados
y vencidos
el silencio nos llama
a derrumbes
jala el perro para llevarlo
de nuevo a su guarida
que es su prisión
y en los ojos nos impregna
el silencio
con esos túmulos morados
con esos nudos que entierran
los gritos
que caen en la memoria
dando tumbos en las cuevas de sus ecos
donde siempre nos encuentra
el silencio
en el fondo como una lengua
seca o el pergamino
para siempre indescifrable
y nos quita la sangre
y nos cuelga en las mamparas
de su arco de triunfo
con un listón dorado
y un letrero sin letras
un adorno que ha perdido su belleza
somos
en las manos del silencio
que nos hace
y no podemos rebelarnos
no podemos
combatirlo
insistimos en la danza de entregarnos
a sus ciénagas
y sólo somos estos labios
recitando sin sonidos
la plegaria
de esta noche
de esta vida

el silencio nos gobierna y nos reclama
el impuesto de esta voz
las costillas de las piedras que nos pegan
la mañana
el silencio nos separa de la carne y de la sangre
y nos deja sobre el llano
blanqueando la salida
y marcando los desvíos y los túneles
y
también
somos los letreros
de otros seres que se pierden
en los valles del silencio

el silencio no termina
se prolonga en las gráficas del día
en los números que queman
nuestros nombres
está royendo los paisajes
y convierte las miradas en afiches
en canciones sin calor
el silencio se entretiene en engañarnos
con sus luces de colores
y sus puertas
que conducen a su cuerpo
lo habitamos
no salimos y no estamos
sino en pasos que no acaban
el silencio pone alarmas que no suenan
y nos matan de terror
y de miseria
consumidos por la noche
de estar solos y estar mudos

el silencio se despierta
y no duerme
pone el ojo en nuestra huella
y nos sigue y nos encuentra
y nos saluda y nos sonríe
el silencio
sabe
sabe que
somos su reino
su madeja
su espíritu y su tela
nos exige que vivamos
que brindemos a su nombre
sin decirlo

de estas formas
y de otras que no encuentro
el silencio
nos conoce
y nos gobierna

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Una lectura de Rilke

Me gusta la poesía de Rilke, pero no toda la experiencia que percibo en ella. Esto puede parecer una contradicción o un sinsentido, espero explicarlo con lo que sigue.

Por ejemplo, en algunos casos no caigo en sus conclusiones.

Otoño

“Las hojas caen, caen de muy lejos
como mustiadas en el cielo, en remotos
jardines, caen: como un ademán de rechazo.

Y en las noches, la pesada tierra cae,
fuera de las estrellas, en la soledad.

Todos caemos. Cae mi mano.
Y mira los demás: en todas ellas está.
No obstante, hay alguien que detiene esas caídas
con infinita dulzura entre sus manos. ”

El impulso se detiene pero no tiene sentido esa salvación. Será que no creo en una salvación repentina, que viene de quién sabe dónde. Tal vez si creyera en una providencia divina, esos tres versos finales me harían sentir y compartir la experiencia de Rilke. Pero no basta esto, creo que el poema no funciona por otra razón.

¿Hacia dónde me lleva el impulso del universo en el poema -el universo percibido o el mundo de Rilke-? Hacia abajo. Y eso que empieza con la caída desde el cielo mismo, que el cielo mismo permite:

Las hojas caen, caen de muy lejos
como mustiadas en el cielo, en remotos
jardines, caen: como un ademán de rechazo.

“Ademán de rechazo” es fuerte: el cielo nos rechaza. Esa es la idea que me queda, la sensación que me da la gravedad del poema en este inicio. Y lo que sigue es un derrumbe total, una implosión:

Y en las noches, la pesada tierra cae,
fuera de las estrellas, en la soledad.

Esta caída no es una caída física y emotiva, como en los primeros versos. Es una caída espiritual o de la sensibilidad. Es un ensimismamiento, como si la gravedad de un agujero negro interno aislara a la tierra.

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no se mueve el viento el tiempo ad

no se mueve el viento
el tiempo adentro
se enrosca hasta quejarse
este sudor me empapa de vacíos

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