Nunca estás, no eres
el tiempo, solamente juegas
a ver qué sucede, detrás
de palabras.
Juegas con los dedos sobre el silencio
mientras pones leyes extrañas
para que el tiempo te olvide.
Así no estás, pero parece.
Te pones a darle vueltas con un hilo
a cada objeto que deseas
tocar, para apretarlo de lejos
y, así, sin rozarlo, lo mueves
y disfrutas.
Al menos te seduce su silueta despidiendo
la luz a todas las esquinas.
Reduces el ritmo,
te ocultas entre los paños tibios
de la tarde gris.
Me mientes con los ojos,
me mientes con la lengua,
me engañas diciendo estoy contigo ahora.
Nada es verdad, solamente
la permanencia de tu actitud,
el rictus de tu pelo sobre mi rostro,
tu reflejo que me mira y me acusa.
No estoy para nadie, puedes decir.
Pero prefieres hacer creer que estás.
Entonces cuelga, por favor.
No mantengas el silencio como un cuchillo en mi cuello.
Mejor es cortar.