el corazón me quita cada átomo de oxígeno
se encierra a gritar con temblor
y cuida de no dejar luces prendidas en el cuarto
despoja de sonidos a su cuerpo
lo deja solo con el frío mientras piensa
con cada músculo contraído en su vacío
el frío le da cuerda alrededor y no lo nota
aprieta hasta sangrar y no lo siente
consumido en su repetir cada minuto
de su memoria
pasea sin cesar hasta hurgar en la mentira
y sacar palabras de algún lado para hundirse
y pelea por sacarselas de encima
va sin ninguna idea de otro día
va sin pensar en escaparse o acabar
está volviendo y revolviendo las cenizas y los ecos
reclamando con las uñas el espacio para verse
en medio de este desconcierto de voces
otra cuerda áspera le roza la garganta
lacera la piel hasta olvidarla
mientras se entrega a escarbar rodeado de ojos que no existen
mientras pierde el límite con la sensación
de entregarse a cualquier sonido
duele cada golpe en las paredes
el retañir de los párpados con las cuerdas
el aspirar las palabras nudosas el gritarlas
y arde la sequedad de cada labio
vuelto hacia la lengua por algo de humedad
nada parece detenerse en esta suspensión
en este vahído donde se detiene y se repite
este sollozo seco que desea abrirse
quizá un deseo como un ácido diluya
un minuto de pared para que huya con agudos
mantras de luz danzas que tiemblan en el pecho
acaso se deslicen en las ranuras de un olvido
las miradas sin palabras y esta presión al despedirse
y esta luna sobre los ojos oscile trasmitiendo
latidos de estar vivo a otro espacio
un rayo azul de luz helada tiembla para llamarte
el cielo llena de palabras la mirada
y sólo espero una mañana
2do. movimiento [Andante], Sinfonía concertante, KV 364 (320d), Mozart