A.
Soy simple. Indirecto, pero llano.
No tengo más que cuatro sentimientos.
Espirales de sombra: pensamientos
bajo la misma luz de cada mano.
Sólo tengo mis días, soy humano,
quiero la vida, busco en los momentos
algo más que el ahora, movimientos
del alma hacia su Dios, de llano en llano.
No comprendo la pena, la trasmito,
me ciega, me devora y desfigura,
ni comprendo la angustia al infinito.
Soy sólo el eco, el hilo, la figura,
la luna sobre el río, soy un grito
con una sola nota, que no dura.

B.
No padezcas, memoria, goza el día.
Como tu cuerpo, graba cada sombra.
El cuerpo la atesora, a ti, te asombra.
Entre los dos, la vida se encendía.
No sufras de temblores de agonía
cuando se enciende el miedo que no nombra,
el cuerpo lo sabrá, y contra la sombra
irás con él, al juego de ese día.
Comprende lo que das y lo que quieres,
memoria, compañía de la piel,
que llenas de vacíos y de amor.
El cuerpo se te entrega, aunque no quieres,
memoria, mientras huyes, pero él
sin saberlo, te tiene, con amor.

C.
Porque siempre parece que no existo.
Invisible, intangible, deleznable.
Aire claro, sosiego perdurable.
Materia silenciosa, yo no insisto.
Que cada instante sea. Me resisto
imperceptiblemente y vulnerable
a lo que no es, o que solo es probable,
y sin sentirlo, saben que persisto.
Soy nada más que tiempo. Soy la espera.
Me define la lluvia mientras toca
cada instante del mundo y cada objeto.
No tengo más pasión que la primera
luz de cada verdad que me convoca:
la tierra que me aguarda es mi secreto.